
Qué pasó? El programa "Made in Paraguay", que se emite los domingos por C9N y conduce el periodista Leo Rubin, dedicó su edición a entrevistar a Teresa Mayo, investigadora española de la ONG británica Survival International. La entrevista fue una defensa abierta de la campaña internacional que esta organización está llevando adelante en Italia para frenar la compra de cuero paraguayo. Esa misma campaña ya provocó que la empresa italiana Pasubio dejara de comprar a Paraguay en 2023, lo que dejó a dos curtiembres paralizadas y a 5.000 trabajadores paraguayos sin empleo, según la Cámara Paraguaya de Cuero. Lo llamativo no es que un programa entreviste a una ONG. Lo llamativo es que un programa que se llama "Made in Paraguay" haya elegido amplificar la voz de la organización que está perjudicando directamente al trabajo paraguayo, sin equilibrar con la voz de los trabajadores que perdieron su empleo, ni de las familias chaqueñas que viven del sector!

¿Qué pasó? Paraguay logró una cosecha de soja buena en volumen, pero el productor no puede celebrar. Una combinación de factores que nadie controla — la guerra entre EE.UU. e Irán, el bloqueo del estrecho de Ormuz, la caída del dólar y el aumento de combustibles y fertilizantes — está golpeando al campo paraguayo desde todos los ángulos. El presidente de la Unión de Gremios de la Producción (UGP), Héctor Cristaldo, lo resumió en una entrevista con RCC: el sector enfrenta "incertidumbre total". . ¿Quién está involucrado? Productores agrícolas y ganaderos de todo el país. Desde el pequeño agricultor familiar hasta el gran sojero del este. La UGP como vocero del sector. El Banco Central del Paraguay por su manejo del tipo de cambio. Y de fondo, una guerra a miles de kilómetros que está redefiniendo las reglas del comercio mundial. . ¿Por qué importa? Porque el campo no es solo "negocio de ricos". El campo paraguayo es el motor de toda la economía nacional. Cuando al productor le va mal, al país entero le va mal: menos empleo, menos movimiento en los pueblos del interior, menos recaudación, menos inversión. Y esta vez no es culpa del clima ni de la mala gestión: es el mundo el que se complicó.