El viceministro de Minas y Energía de Paraguay, Mauricio Bejarano, ha encendido el debate sobre el futuro económico y ambiental del país al confirmar la existencia de "fuertes indicios" de Tierras Raras (REE) en su territorio. Estos 17 elementos minerales son indispensables para una vasta gama de tecnologías modernas, desde vehículos eléctricos y turbinas eólicas hasta dispositivos electrónicos y sistemas de defensa avanzados, lo que los convierte en un activo estratégico a nivel global.
Según Bejarano, los indicios se basan en estudios de laboratorio que datan de la década de 1980, así como en comparaciones geológicas con la misma cuenca compartida con Brasil, un país con reservas confirmadas. Las principales áreas con potencial se ubican en los departamentos de Amambay (específicamente en Cerro Sarambí y Chirigüelo), extendiéndose hacia Canindeyú y San Pedro. El geólogo Jaime Báez Presser ha señalado el potencial de "billones de dólares" ligado a la presencia de circón en lamproitas, una formación volcánica antigua.
La confirmación de estos indicios ha despertado un considerable interés internacional. Países como India, Finlandia, Emiratos Árabes Unidos, Estados Unidos y Canadá, así como la Unión Europea a través de un acuerdo con Mercosur, han manifestado su deseo de explorar e invertir en el sector minero paraguayo. Este interés subraya la creciente demanda mundial de minerales críticos para la transición energética y la seguridad de las cadenas de suministro.
Sin embargo, la oportunidad económica viene acompañada de importantes desafíos. La minería de Tierras Raras es conocida por su complejo y a menudo devastador impacto ambiental. Los métodos de extracción a cielo abierto implican deforestación, alteración del paisaje y la generación de grandes volúmenes de aguas residuales ácidas y gases tóxicos, que pueden contaminar gravemente el agua, el suelo y el aire.
Ante este panorama, el gobierno paraguayo reconoce la necesidad urgente de una exploración más profunda para cuantificar las reservas y certificar su viabilidad comercial. Simultáneamente, está trabajando en la formulación de un nuevo marco normativo y una política minera robusta que promueva la inversión sostenible y mitigue los impactos ambientales. La legislación actual es vista como un obstáculo para las inversiones de alto riesgo que requiere la explotación de estos minerales.
El éxito de Paraguay en este potencial "boom minero" dependerá crucialmente de su capacidad para equilibrar el desarrollo económico con una gestión ambiental y social responsable, evitando que una prometedora oportunidad se convierta en un desastre ecológico.

