El crimen perfecto: cómo se mató una reforma que todos decían querer
Empecemos por el final, porque es más honesto.
El presidente de la Cámara de Diputados, Raúl Latorre, convocó a una sesión extraordinaria y anunció de antemano que acompañarían la versión aprobada por el Senado.No hubo suspenso. No hubo debate. La decisión estaba tomada antes de que se abriera la sesión.
Eso, en lenguaje parlamentario, se llama rendición, y en terminos practicos sumisión.
¿Qué tenían en las manos Latorre y Meza antes de capitular? La Constitución les daba el derecho de insistir en su versión original con mayoría calificada. Eso significaba doblegar al Senado y forzar la reforma más robusta. Eligieron no usarlo.
Y lo peor: sabían perfectamente lo que hacían.
Silvio Ovelar: el hombre que frenó la pelota y se jactó de ello
Beto Ovelar explicó públicamente que cuando le llegó la versión de Diputados, la paró. "Cuando me vino la versión de Diputados yo paré la pelota, pero eso me dan los años de experiencia en el Senado", declaró.
No lo dijo en voz baja. Lo dijo con orgullo.
El propio Ovelar admitió que retrocedieron en la reforma por el temor a que se armara un "marzo paraguayo", y que esa información no provino de reportes oficiales de inteligencia del Gobierno, sino de personas que participaron de las manifestaciones. PERO MINTIÓ!
Dicho de otra manera: la política previsional de Paraguay se definió por rumores de manifestantes, no por análisis técnicos ni por el interés del país.
Un senador con "años de experiencia" frenó una reforma estructural porque alguien en una marcha le dijo que las cosas podían ponerse feas. Eso es lo que pasó.
Ovelar también se refirió a Latorre con ironía: "Yo atajé la versión de Diputados y me pregunto por qué Raúl Latorre no hizo lo mismo." Ahora Latorre ya entendió la orden.
La pregunta es legítima. Solo que Ovelar la hace como halago, no como crítica. El problema es que "atajar" una reforma que el país necesita no es habilidad política. Es daño institucional profundo, que solo un antipatriota se puede adjudicar con orgullo.
Latorre: la rendición disfrazada de diálogo
Latorre explicó su decisión diciendo que tuvo una reunión "muy productiva" con representantes de gremios docentes, quienes pidieron que Diputados aprobara la versión del Senado. El legislador señaló que el gran desafío es "fortalecer los vínculos y mejorar los canales de diálogo". Una verguenza...
¿Fortalecer los vínculos? La Caja Fiscal colapsa y el presidente de Diputados habla de vínculos.
Latorre tenía los votos. Tenía el argumento técnico. Tenía el respaldo del Ejecutivo para la versión más dura. Tenía la Constitución de su lado. Y abandonó todo eso después de una reunión con Silvio Piris y representante de los gremios que justamente se oponían a la reforma que el país necesita.
La Cámara de Diputados reconoció que la aprobación del texto no resolverá todos los problemas de la Caja Fiscal. Latorre adelantó que posteriormente se impulsará una "reforma más integral" del sistema.
Una "reforma más integral" para después. Frase que en el diccionario político paraguayo significa: no va a pasar mientras este ilustre Presidente de diputados, esté al mando.
Meza: el arte de culpar al testigo del crimen
Hugo Meza encontró un culpable más conveniente: el ministro de Economía.
Meza afirmó que los legisladores se sintieron engañados: "Nosotros fuimos estafados, fuimos engañados", expresó. Señaló que desde ahora buscarán analizar con mayor detalle las leyes que provengan del Ejecutivo.
Suena indignante. Y funcionaría como argumento si no fuera porque Diputados tenía la solución en sus propias manos: insistir con su versión. No lo hicieron.
Meza pidió que el ministro de Economía, Carlos Fernández Valdovinos, se presentara a explicar "esos cambios de postura" entre lo que dijo en Diputados y lo que dijo en el Senado.
Señalar al ministro tiene su lógica. Pero el ministro de Economía no vota en el Senado. No tiene incidencia sobre lo que Beto Ovelar decide hacer o no hacer. Meza lo sabe. Latorre lo sabe. Todos lo saben.
Lo que hicieron fue exactamente esto: asumir el costo político de votar la versión dura, ver que dolía, y en lugar de bancarse la decisión, buscar un chivo expiatorio.
El propio Meza lo admitió sin querer: "No hay que tener miedo en admitir, nos equivocamos, nos mintieron. Esa es la verdad"
Perfecto. Si se equivocaron, si los mintieron, el remedio estaba claro: insistir. Tenían los números para ganar. No quisieron pagar el costo político de una segunda vez
Por qué importa esta noticia
La Caja Fiscal no es un debate abstracto de economistas.
Es el sistema del que dependen jubilados de las fuerzas militares, policiales, docentes y funcionarios públicos de todo el país. El Banco Central lo dijo sin rodeos: si no se reforma bien, colapsa antes de que termine esta década.
La diferencia entre la versión de Diputados y la del Senado no es menor. Es un agujero fiscal que nadie quiso explicar en público pero que igual tendrá que llenarse, con impuestos o más deuda
O con jubilados que no cobren.
Análisis crítico: tres responsables, un resultado
Silvio Ovelar frenó deliberadamente una reforma más robusta porque tenía miedo a las protestas. Lo hizo con orgullo y lo llamó "experiencia política". Es el articulador de fondo del daño.
Raúl Latorre tenía el poder para revertir lo que Ovelar hizo y no lo usó. Prefirió las reuniones con gremios al ejercicio de la autoridad que el cargo le daba. Tiene nombre: cobardía
Hugo Meza es el más llamativo. Gritó "nos estafaron" pero fue el primero en moverse hacia la capitulación. Culpó al ministro de Economía para no mirarse en el espejo. La "lección aprendida" que proclamó no le costó nada al que la proclamó. Le costó al país.
Los tres sabían lo que hacían. Los tres eligieron el camino cómodo. Los tres deberán explicarle a los futuros jubilados por qué se quedaron cortos cuando podían haber ido a fondo.
Antecedentes
La Caja Fiscal arrastra un déficit estructural que se acumula desde hace décadas. El sistema fue diseñado en otra época, con otras demografías y otra expectativa de vida. Reformarlo siempre fue políticamente costoso: tocás a docentes, a militares, a policías, a funcionarios. Sectores organizados, con votos y con capacidad de movilización.
Cada gobierno lo pateó para adelante. Este gobierno intentó hacerlo y llegó hasta la mitad del camino. La diferencia es que esta vez había votos suficientes para llegar más lejos, y los que tenían esos votos los guardaron en el bolsillo.
Situación actual
Latorre adelantó que acompañará la versión del Senado en sesión extraordinaria convocada para este martes y vaya que lo cumplió. La reforma más débil fue sancionada. Los docentes, que se movilizaron contra la versión original, tampoco quedaron del todo conformes con la del Senado. Nadie ganó.
El país perdió la única ventana real de reforma que existía.
El ministro de Economía, blanco de todos los dardos, quedó en el aire político. Carlos Fernández Valdovinos no renunció como lo anunció un medio y habló de "economía de guerra" tras una reunión con el presidente Peña.
Conclusión
Paraguay tuvo una oportunidad real de reformar la Caja Fiscal de manera seria. No la de un parche, sino la de una reforma que dure. Latorre, Meza y Silvio Ovelar —cada uno desde su trinchera— tomaron decisiones que la achicaron, la diluyeron y la enterraron como podría haber sido.
No hubo conspiración. No hubo traición dramática. Hubo algo peor: miedo, cobardía, reuniones "productivas" con los gremios de turno, y la decisión de dejarle el problema al Paraguay del futuro.

