Las protestas que tienen cercada a La Paz desde hace casi tres semanas dejaron de ser un asunto interno. Este martes, Estados Unidos entró de lleno con la palabra que cambia todo el tablero: golpe. Su vicesecretario de Estado, Christopher Landau, no habló de "tensiones" ni de "crisis": habló de un golpe de Estado en marcha, financiado por el crimen organizado. Y respaldó de manera explícita al presidente Rodrigo Paz, elegido por amplia mayoría hace menos de un año.
Qué dijo Estados Unidos
Landau lo dijo en el foro de la Conferencia de las Américas, en Washington, sin medias tintas: "Se trata de un golpe de Estado que está en marcha. No nos equivoquemos al respecto; es un golpe financiado por esa alianza perversa entre la política y el crimen organizado en toda la región."
El funcionario contó que venía de hablar por teléfono con Paz. Su argumento fue directo: no puede ser que un presidente elegido de manera abrumadora hace menos de un año tenga ahora manifestantes violentos bloqueando las calles.
En su cuenta de X fue todavía más explícito. Acusó a "los que perdieron abrumadoramente en las urnas el año pasado" de intentar derrocar a Paz mediante disturbios y bloqueos con apoyo del crimen organizado y narcotraficantes. No nombró a Morales. En octubre de 2025, quien perdió fue el MAS.
El gobierno boliviano apunta a Evo
La idea de que detrás de las protestas está Morales la viene sosteniendo el propio gobierno de Paz. El vocero presidencial José Luis Gálvez y varios ministros responsabilizan al expresidente de ser una especie de "autor intelectual" de las protestas. El Ejecutivo denunció un "plan macabro" diseñado por Morales para "romper el orden constitucional", financiado por el narcotráfico.
El peso del expresidente en el conflicto es visible: una marcha de seguidores de Morales caminó 190 kilómetros desde el altiplano hasta llegar a La Paz para sumarse al pedido de renuncia. Morales, por su parte, rechazó las acusaciones del Gobierno y respaldó a los manifestantes. Hoy, además, es procesado por un presunto caso de trata de personas.
El pedido a Brasil y Colombia
Landau no se quedó en el diagnóstico: pidió que la región se involucre, con nombres. "Me encantaría ver, por ejemplo, a Brasil respaldando el proceso institucional en Bolivia. Lo mismo digo de Colombia."
El mensaje apunta a Lula y Petro, que no se habían pronunciado. EE.UU. también elogió el apoyo de Argentina a Paz y aclaró que "no debería recaer todo el peso" de la situación sobre Washington.
Por qué importa esta noticia
Para Paraguay, Bolivia no es un culebrón ajeno: es vecino, socio comercial y vía de tránsito. Una Bolivia paralizada golpea el comercio y la logística regional que también nos toca.
Y hay un dato político de fondo: el respaldo de Estados Unidos —principal aliado de la región— a un gobierno legítimo marca una línea clara. Cuando Washington llama "golpe" a lo que ocurre y pide a las democracias del continente que se pronuncien, está fijando una posición que ningún país del hemisferio puede ignorar, Paraguay incluido.
Antecedentes
Paz llegó al poder por las urnas. Ganó la segunda vuelta de octubre de 2025 con casi el 55% de los votos, en el primer balotaje de la historia boliviana, poniendo fin a dos décadas de MAS.
El detonante de mayo fue la Ley 1720, que permitía usar tierras de pequeños agricultores como garantía bancaria. Paz la abrogó el 13 de mayo, pero la medida no frenó las protestas, que pasaron de los reclamos sectoriales al pedido de renuncia.
Situación actual (cierre 20 de mayo)
El país entró en la tercera semana de conflicto. En el último día hubo más de un centenar de detenidos —104 según las autoridades— y al menos cuatro muertos en el marco de los disturbios. Las protestas se concentran en la plaza Murillo; el gobierno evacuó funcionarios del Parlamento y la Fiscalía ordenó la captura del líder de la COB por instigación a delinquir y terrorismo. La capital está prácticamente aislada, con escasez de alimentos y suba de precios.
Qué puede pasar
Lo que esperamos que pase: que el respaldo internacional a Paz ayude a estabilizar la situación por la vía institucional, que se reactive el diálogo —ya hay siete países pidiéndolo— y que el conflicto se resuelva sin más muertos.
Lo que no debe pasar: que la violencia y los bloqueos sigan escalando hasta quebrar el orden constitucional de un gobierno elegido hace seis meses. Que un país clave de la región caiga en el caos arrastra a todos los vecinos.
Conclusión
La foto del día es nítida: Estados Unidos, el aliado más grande de la región, salió a respaldar al presidente legítimo de Bolivia y a denunciar un intento de golpe. El gobierno de Paz señala a Evo Morales como el cerebro detrás del caos. Bolivia se juega su estabilidad, y con ella, parte de la del vecindario. Lo que pase en las próximas semanas dirá si las instituciones aguantan o si la calle termina imponiendo lo que las urnas ya habían resuelto.

