Brasil tiene lo que casi ningún país de la región tiene: petróleo en cantidades históricas. En 2025 bombeó 4,9 millones de barriles equivalentes por día, un 13% más que el año anterior, y vendió al mundo USD 30.000 millones más de lo que compró. Sobre el papel, debería estar nadando en plata. En la práctica, su déficit fiscal trepó al 9,4% del PIB y su deuda pública va camino al 83% de la economía. Mientras tanto, al otro lado de la frontera, un país sin una gota de crudo, que cobra impuestos tres veces más bajos, acaba de conseguir el grado de inversión. La comparación no es casualidad: es un manual.
El país que tiene de todo y aun así no le alcanza
Los números brasileños marean por lo contradictorios. La petrolera estatal Petrobras alcanzó su mayor producción en más de 70 años de historia, con el petróleo liderando las exportaciones del país por segundo año seguido. El subsuelo brasileño, literalmente, regala dinero.
Y sin embargo, las cuentas públicas empeoran mes a mes. El déficit nominal —que incluye el pago de intereses de la deuda— llegó al 9,41% del PIB en los doce meses hasta marzo de 2026, casi un punto más que el período anterior. El déficit primario, que mide cuánto gasta el Estado por encima de lo que ingresa antes de pagar intereses, también está en rojo, lejísimos de la meta de equilibrio que el propio gobierno se había comprometido a cumplir.
La deuda pública cuenta la misma historia. Cuando Lula asumió su tercer mandato rondaba el 71,7% del PIB. Hoy está en torno al 80% y el Tesoro proyecta 83,6% para fin de 2026. El Banco Mundial es todavía más pesimista: estima que podría escalar al 95%, un nivel altísimo para un país emergente. Son casi 12 puntos del PIB sumados en un solo mandato.
La paradoja del petróleo
Acá está el corazón del asunto. Cuando a un país le llueve plata por una materia prima y aun así no logra ordenar sus cuentas, el mercado deja de pensar que el problema es pasajero y empieza a leerlo como permanente. Ya no es mala suerte: es la forma en que está diseñado el Estado.
Brasil entra de lleno en ese cuadro. Con la mayor renta petrolera de su historia, con todos los vientos a favor, las cuentas no mejoran. El crecimiento proyectado para 2026 es apenas del 1,9% según el FMI: un número de país desarrollado en mala racha, no de un emergente con récord de precios y producción de crudo. La región completa de América Latina crecerá en promedio 2,3%. Brasil, con petróleo y todo, va a quedar por debajo.
El diagnóstico de fondo es simple de explicar: el gobierno gasta más de lo que ingresa, y financia la diferencia con deuda. El discurso oficial sostiene que el mayor gasto se va a pagar solo con mayor recaudación. Lo que termina pasando es lo contrario: el gasto sube seguro, la recaudación sube a veces, y el agujero se ensancha.
Y ahora crucemos la frontera
Paraguay no tiene petróleo. No tiene ni plataformas, ni Petrobras.
Lo que tiene es un sistema impositivo que cabe en una sola frase: 10, 10 y 10.
Diez por ciento de impuesto a la renta empresarial. Diez por ciento de IVA. Diez por ciento de impuesto a la renta personal. Una tasa plana, pareja, sin la maraña de tributos federales, estatales y municipales que se superponen en Brasil. Esa simplicidad tiene un costo: Paraguay recauda poco, apenas el 11,2% de su PIB en 2025. Es de las presiones tributarias más bajas de Sudamérica.
Brasil, en cambio, recauda alrededor del 33% del PIB, la carga más pesada de la región junto con Argentina. Es decir: el Estado brasileño se queda con tres veces más de su economía que el paraguayo. Y aun con esa diferencia brutal de ingresos, el déficit brasileño (9,4% del PIB) quintuplica al paraguayo (2% del PIB). Más recaudación, peor resultado. Ese es el dato que rompe el sentido común.
Lo que paga una empresa de cada lado
Para una empresa, la diferencia se siente en el bolsillo. En Brasil, la utilidad corporativa paga un 34% entre los dos impuestos principales que gravan la ganancia. Desde 2026, además, una nueva ley empezó a gravar los dividendos que el empresario se lleva a su casa, sumando una capa más de tributación sobre la misma ganancia. En Paraguay, esa utilidad paga 10%. Punto.
Contratar gente cuenta una historia parecida. En Brasil, sumar un empleado formal a la nómina encarece su costo entre un 34% y un 37% por encima del salario bruto, entre aportes patronales a la seguridad social y el fondo de garantía obligatorio. En Paraguay, el aporte patronal al seguro social ronda el 16,5%. Para una empresa que evalúa dónde instalarse, esa brecha define inversiones enteras.
POR QUÉ IMPORTA ESTA NOTICIA?
Esto no es una nota sobre Brasil. Es una nota sobre el espejo en el que Paraguay debería mirarse cada vez que alguien propone "recaudar más para gastar más".
Para el ciudadano: cada vez que se plantea subir impuestos en Paraguay con el argumento de "ser un Estado más presente como Brasil", conviene mirar el resultado del otro lado. Brasil le saca a su economía tres veces más que Paraguay y aun así no le alcanza, se endeuda más y crece menos. Más impuestos no garantizaron mejores cuentas ni mejor crecimiento; garantizaron un Estado más grande con un agujero más grande.
Para el empresario y el inversor: la brecha impositiva es una ventaja competitiva concreta de Paraguay, no un detalle contable. Una utilidad gravada al 10% en lugar del 34%, y un costo laboral de 16,5% en lugar de 37%, son la diferencia entre que una fábrica o un centro de servicios se instale en Asunción o en São Paulo. Esa ventaja existe mientras Paraguay no la tire por la borda imitando modelos que fracasan con petróleo incluido.
Para el plano político: el caso brasileño es munición empírica para el debate paraguayo sobre el tamaño del Estado. Demuestra que la disciplina fiscal no es ideología abstracta: es lo que separa al país que mantiene el grado de inversión del que ve cómo su deuda escala hacia el 95% del PIB.
ANÁLISIS CRÍTICO
El mérito del modelo paraguayo es real y conviene reconocerlo sin tibieza: en 2024 el país alcanzó el grado de inversión, una meta que persiguió durante años, manteniendo el déficit en torno al 2% del PIB. Lo hizo sin renta petrolera, sin shocks de materias primas, simplemente conteniendo el gasto y sosteniendo reglas tributarias estables y predecibles por más de tres décadas.
Del lado brasileño, el problema no es que Lula gobierne mal por capricho. Es que el modelo elige sistemáticamente el gasto por encima del orden. Con la mayor renta petrolera de la historia del país, la decisión fue volver a expandir desequilibrios en lugar de aprovechar la bonanza para sanear. Un shock positivo de esta magnitud era la oportunidad de oro para recomponer las cuentas; se usó para lo contrario. Esa es una decisión de gestión, con datos verificables detrás, no una opinión.
Conviene ser justos con el matiz: Brasil no está al borde del default. Tiene reservas, una moneda que flota y absorbe parte de los golpes, y una economía gigantesca. No es la Argentina de 2001. Pero la tendencia —deuda subiendo 12 puntos del PIB en un mandato, déficit clavado arriba del 9%— es exactamente la que enciende las alarmas de los inversores y aleja al país de recuperar la confianza plena.
ANTECEDENTES
La historia rima con un pasado reciente. Entre 2011 y 2015, durante el gobierno de Dilma Rousseff, la deuda pública brasileña pasó del 51% al 65% del PIB. Aquel deterioro terminó en una recesión profunda y en la pérdida del grado de inversión del país en 2015. La trayectoria actual —deuda escalando, déficit anclado en lo alto, metas fiscales que se incumplen— recuerda demasiado a esa secuencia.
Paraguay recorrió el camino inverso. La Ley 6380, sancionada en 2019, ordenó y simplificó todo el sistema tributario bajo el esquema de tasas planas del 10%. Esa reforma, sumada a una regla de responsabilidad fiscal que limita el déficit, fue parte del andamiaje que llevó al país al grado de inversión en 2024.
SITUACIÓN ACTUAL
Al cierre de esta edición, Brasil transita un año electoral con elecciones presidenciales fijadas para octubre de 2026. En plena campaña, se esperan medidas de gasto expansivo para ampliar programas sociales, muchas de las cuales quedarían fuera del cálculo formal del déficit. El compromiso de equilibrio primario asumido con organismos internacionales luce, hoy, prácticamente inalcanzable para este año.
Paraguay, por su parte, cerró 2025 con la presión tributaria en 11,2% del PIB y el déficit en torno al 2%, sosteniendo el grado de inversión obtenido el año anterior. Las tasas del 10% siguen sin moverse, según ratificó la propia administración tributaria.
QUÉ PUEDE PASAR
Lo que esperamos que pase: que el caso brasileño funcione como advertencia útil para Paraguay. Que el debate local sobre subir la presión tributaria incorpore la evidencia de que más recaudación no equivale a mejores cuentas si el gasto no se controla. Paraguay puede aspirar a recaudar algo más para mejorar servicios e infraestructura —su meta oficial es llegar al 12% del PIB en 2029—, pero haciéndolo sin romper la ventaja competitiva ni la disciplina que lo trajeron hasta acá.
Lo que no debe pasar: que Paraguay confunda "tener más Estado" con "estar mejor" y empiece a copiar el modelo del vecino grande. Subir impuestos para financiar gasto creciente, sin reglas de contención, es precisamente la receta que tiene a Brasil con petróleo récord y cuentas en rojo. Tirar por la borda tres décadas de previsibilidad tributaria por imitar un modelo que fracasa incluso con crudo gratis sería el peor de los autogoles.
CONCLUSIÓN
El petróleo no salva a un Estado que gasta de más; y la falta de petróleo no condena a uno que se ordena. Brasil tiene la materia prima, la escala y la recaudación, y aun así se endeuda y crece poco. Paraguay no tiene nada de eso y mantiene el grado de inversión con una tasa plana del 10%. La diferencia no está en el subsuelo: está en la decisión de cuánto puede gastar un Estado por encima de lo que le entra. La próxima vez que alguien proponga "recaudar más para ser como los grandes", vale preguntarse: ¿como cuál de los dos?
Fuentes consultadas (con links)
- Daniel Lacalle — análisis en YouTube (fuente madre):
- Banco Central do Brasil vía MercoPress (abril 2026) — déficit nominal 9,41% PIB: https://es.mercopress.com/2026/04/30/el-deficit-fiscal-de-brasil-sube-al-9-41-del-pib-en-medio-de-la-desaceleracion-economica-y-el-ano-electoral
- Infobae (febrero 2026) — deuda/PIB proyectada 83,6%: https://www.infobae.com/america/america-latina/2026/02/02/las-contradicciones-de-la-economia-brasilena-entre-el-deficit-y-el-record-de-inversiones-extranjeras/
- La Nación (enero 2026) — Petrobras récord producción 2025: https://www.lanacion.com.ar/agencias/petrobras-batio-record-de-produccion-de-petroleo-en-2025-nid16012026/
- NODAL (febrero 2026) — récord 4,897M boed y saldo USD 30.000M: https://www.nodal.am/2026/02/brasil-establece-un-nuevo-record-de-produccion-de-petroleo-y-gas-en-2025/
- Infobae / FMI WEO (abril 2026) — crecimiento Brasil 1,9% en 2026: https://www.infobae.com/america/agencias/2026/04/14/el-fmi-mejora-en-tres-decimas-la-prevision-de-crecimiento-de-brasil-para-2026-hasta-19/
- Ley 15.270/2025 (Brasil) — tributación dividendos vía PwC: https://www.pwc.com.br/pt/thinking-about-taxes/tax-intelligence/2025/tax-intelligence-ed-48-tributacao-de-dividendos.pdf
- Ley 6380/19 (Paraguay) — DNIT, sistema 10/10/10: https://www.dnit.gov.py/web/portal-institucional/w/d-ley-n-6380-19
- Economía.com.py (febrero 2026) — presión tributaria PY 11,2% y déficit 2%: https://economia.com.py/deuda-publica-de-paraguay-cierra-2025-en-usd-20-409-millones-con-incremento-de-129-mientras-deficit-fiscal-alcanza-2-del-pib/
- OCDE / CRCGO (Revenue Statistics) — Brasil mayor carga tributaria de la región: http://noticias.crcgo.org.br/brasil-tem-maior-carga-tributaria-da-america-latina/

