Mientras gran parte de América Latina ha girado diplomáticamente hacia Pekín en las últimas dos décadas, Paraguay se mantiene como un caso atípico en el hemisferio: es la única nación de Sudamérica que sostiene relaciones oficiales con Taiwán. Aunque voces internas —principalmente de la oposición liberal y sectores disidentes— califican esta postura de "anacronismo" o "aislamiento" que priva al país de un mercado de 1.400 millones de personas, la evidencia empírica de los vecinos regionales sugiere que la cautela de Asunción no es nostalgia, sino una estrategia de seguridad nacional frente a vulnerabilidades sistémicas.
El presidente Santiago Peña ha sido tajante: "Los que cayeron en la promesa del sueño chino están peor que Paraguay". Pero, ¿qué dicen los datos sobre aquellos que se dejaron "seducir"?
1. El Espejismo Comercial: De la Promesa a la Quiebra
El argumento principal para romper con Taiwán siempre es económico: el acceso al masivo mercado chino. Sin embargo, la experiencia centroamericana demuestra que este acceso suele ser una trampa comercial.
• El colapso en Honduras: Tras romper con Taiwán en 2023, Honduras esperaba un auge económico. La realidad fue devastadora para sus productores. El sector camaronero perdió el mercado taiwanés, que pagaba precios premium, y se encontró con que China ofrecía pagar un 50% menos, llevando a muchas fincas a la quiebra. En 2024, el déficit comercial de Honduras con China fue brutal: importaron más de 2.500 millones de dólares en productos chinos, pero solo lograron exportar 39,4 millones. Es una relación de asimetría absoluta.
• El déficit crónico de Costa Rica: Fue el primer país de Centroamérica en cambiar de bando en 2007, firmando un Tratado de Libre Comercio (TLC) en 2011. Una década después, el resultado es un déficit comercial acumulado de más de 24.000 millones de dólares. China inundó el mercado costarricense con manufacturas, mientras que las exportaciones ticas no lograron despegar significativamente.
Para Paraguay, un país agroexportador, el riesgo es la "primarización" de su economía: vender soja o carne barata a China y comprar productos manufacturados caros, destruyendo la industria local.
2. La Trampa de la Deuda y la Infraestructura Fallida
China suele ofrecer grandes proyectos de infraestructura como "regalos" o inversiones, pero la letra chica revela un modelo de financiamiento depredador. A diferencia de organismos como el FMI o el BID que prestan al 1% con plazos largos, los bancos chinos imponen tasas del 4% al 6%, con comisiones ocultas y cláusulas de confidencialidad.
• El caso Nicaragua: El régimen de Ortega, aislado internacionalmente, recurrió a China. Para el proyecto del aeropuerto Punta Huete, China prestó 440 millones de dólares, pero el costo final para Nicaragua superará los 800 millones (casi el doble) debido a intereses y comisiones. Además, China exigió un pago por adelantado del 20% antes de iniciar las obras.
• El desastre de Ecuador: La hidroeléctrica Coca Codo Sinclair, construida por la empresa china Sinohydro y financiada con deuda china, es el monumento a la infraestructura fallida. La represa presenta más de 17.000 fisuras estructurales y problemas de erosión que amenazan su colapso, operando a media capacidad. Para pagar esta deuda, Ecuador tuvo que comprometer su petróleo, vendiéndolo a China con descuento y perdiendo miles de millones en ingresos.
3. La Amenaza de 2026: El Comercio como Arma Política
Para los defensores de la apertura a China en Paraguay, el sector cárnico es el gran incentivo. Sin embargo, China utiliza el comercio como herramienta de coerción política. La prueba más reciente es la medida que entrará en vigor el 1 de enero de 2026: China aplicará un arancel "extrapolar" del 55% a la carne vacuna importada de Brasil, Argentina y Uruguay que supere ciertas cuotas.
Esto significa que el acceso al mercado chino no es libre comercio; es una concesión administrada. Pekín asigna cuotas a dedo (dando a Brasil una ventaja masiva sobre sus vecinos) y castiga los excedentes con impuestos prohibitivos. Si Paraguay dependiera de China, Pekín tendría un "botón de pánico" sobre la economía paraguaya: cualquier desacuerdo político podría resultar en un cierre total de mercado mediante barreras fitosanitarias o arancelarias, tal como lo hizo con el café y la macadamia de Guatemala recientemente por asistir a la toma de posesión en Taiwán.
4. Por qué Paraguay elige resistir
Frente a este escenario de "trampas de deuda", déficits comerciales y obras defectuosas, la alianza con Taiwán ofrece beneficios cualitativos que el gobierno de Santiago Peña y el movimiento Honor Colorado consideran estratégicos:
1. Cooperación sin deuda tóxica: La ayuda taiwanesa se centra en capital humano (Universidad Politécnica Taiwán-Paraguay), tecnología y salud, sin generar deudas impagables ni comprometer recursos naturales.
2. Soberanía política: Al no depender de Pekín, Paraguay evita la importación de modelos de vigilancia digital autoritaria (como el sistema de reconocimiento facial ECU-911 en Ecuador o el Carnet de la Patria de ZTE en Venezuela) que erosionan las libertades civiles.
3. Alineación geopolítica: Paraguay mantiene una línea coherente con el eje democrático occidental (EE. UU., Israel, Taiwán), evitando las fricciones de seguridad que implica permitir la entrada de empresas estatales chinas en infraestructura crítica (puertos, 5G, energía).
En conclusión, la experiencia de los vecinos latinoamericanos sugiere que el "precio" de romper con Taiwán es la pérdida de autonomía y la entrada en un ciclo de dependencia asimétrica. Como advirtió el senador Basilio Núñez, alinearse con China Continental no está en el eje de trabajo de Paraguay, pues implicaría sacrificar una alianza histórica basada en valores por promesas económicas que, en la práctica, a menudo resultan ser un mal negocio.

